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En Retiro

febrero16

Un habitante de la Cancillería

12/2/16


El moderno edificio de oficinas del Ministerio de Relaciones Exteriores argentino domina con su presencia la esquina de Esmeralda y Arenales, en diagonal hacia la Plaza San Martín. Pero en ese lugar –Esmeralda 1212- anteriormente y durante muchos años estuvo otra edificación, de dos plantas: la residencia de la familia Pereyra Iraola.  
La propiedad había sido en su origen una casa quinta, que fue comprada en 1839 por Simón Pereyra, un rico comerciante, vinculado además socialmente ya que era pariente de Encarnación Ezcurra, la esposa de Juan Manuel de Rosas, quien gobernaba Buenos Aires por esos años.
Pereyra adquirió la propiedad por setenta mil pesos, suma importante para la época. Unos cuantos años después, a fines de la década del ´80 del siglo diecinueve, el arquitecto Ernesto Bunge construyó en ese terreno una gran casa de estilo italiano, con un buen número de habitaciones, para residencia de toda la familia Pereyra Iraola. Esta casa tenía además varios importantes salones destinados a biblioteca, sala de música, pinacoteca, sala de juegos y otros.                                                                   
Varias generaciones de la familia vivieron allí, hasta que, por diversas razones y como ocurrió con muchas grandes residencias de la zona, la casa debió ser vendida. En 1968 fue demolida, y quedó de ella solamente un imponente árbol, un plátano, que por decisión de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, fue  preservado junto a una parte del muro original de la casa. Hoy se encuentra allí, habitante solitario que contrasta con el moderno edificio de la Cancillería, como un recuerdo de lo que fue ese lugar.                                                                              
Sobre el muro de Esmeralda puede verse una placa que reseña algo de esta historia, señalando:
Esto es parte del muro correspondiente al solar conocido desde 1777 como Quinta del Retiro.
Desde 1890 fue habitada por Leonardo Pereyra y Antonia Iraola y fue hogar de sus descendientes hasta 1968.
El plátano, según una tradición familiar, fue plantado en 1894 al nacer su primera nieta.
Se coloca esta placa como expresión de continuidad histórica y de conciliación entre argentinos.                                                                            
Buenos Aires, noviembre de 1999.


En la fotografía que nos fuera enviada por un lector, puede verse la residencia Pereyra Iraola en demolición, y en primer plano el plátano que fue preservado.

 
La Gaceta del Retiro - Directores: Pedro Constenla - Josefina del Solar
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