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setiembre16

Ser optimista tiene sus ventajas
 
Por Cristina Gozzi  (Para La Gaceta del Retiro)
 
16/9/16
 
 
Está comprobado que transitar la vida con optimismo es un hábito saludable que nos predispone para conseguir los objetivos que nos propongamos. Pero esa manera positiva de aceptar los desafíos de la existencia no es innata. Es una adquisición cultural que se obtiene a través de los modelos que recibimos desde la primera infancia.
 
“Cada uno de nosotros, ante una situación novedosa o al recibir alguna noticia, tiene una reacción que puede ser positiva o negativa. ¿De qué depende esa primera respuesta?
 
De  nuestro peculiar estilo explicativo, de la manera de interpretar cómo va a impactarnos el acontecimiento o la noticia”, afirma Hugo Hirsch, licenciado en psicología, socio y director del departamento de formación del Centro Privado de Psicoterapias.
 
Con algunos ejemplos, Hirsch aclara el concepto de estilo explicativo: “Si choco con el automóvil, puedo pensar que soy muy torpe, o que los demás son irresponsables en la calle; o que en esta ciudad, ya no se puede manejar. Si me echan del trabajo, puedo pensar que nunca más voy a conseguir otro, o que no hay mal que dure cien años, o puedo alegrarme de contar con una familia. Además, puedo definir esa situación como algo que abarca toda mi vida o simplemente, una faceta”, destaca. Y aclara que según la interpretación de la situación, será la forma de actuar a posteriori.
 
Claro que parte de la reacción ante  nuevas circunstancias viene asociada con el temperamento. “Eso se observa desde que son bebés. Por ejemplo, ante la presencia de un perro, puede ocurrir que uno gatee hacia el lado contrario y otro se acerque y hasta intente abrirle la boca. ¿Qué es mejor? En realidad, depende del perro…”, sostiene el entrevistado. Eso  equivale a decir que otras condiciones determinarán que una reacción sea más acertada que otra. Y acota: “Lo cierto es que a partir de esas actitudes básicas se van educando con el tiempo las distintas áreas de la personalidad”.
 
Más allá del temperamento, Hirsch manifiesta que por un lado, la reacción ante una situación imprevista depende de la historia de cada uno ante contextos análogos, o bien, de  la historia que otros nos contaron sobre una situación similar. Por otro lado, obedece a cierta actitud propia de nuestro estilo explicativo. Y hace una salvedad: “Esta última noción, que implica una tendencia a pensar cómo van a resultar las cosas, no se aplica necesariamente a todas las áreas de la vida, pero en cada área particular, cada uno de nosotros tiende a ser de una manera”.
 
Ventajas del optimista
 
En general, se dice que los optimistas consideran los problemas como específicos y temporarios, y que los atribuyen a causas externas. En cambio, para los pesimistas, los
 
problemas son estables, abarcan una gran parte de sus vidas y derivan de una causa interna.  También hemos escuchado decir que un optimista es un pesimista mal informado, o que un pesimista sólo ve calamidades. “Lo cierto es que cuando uno reacciona de manera optimista o pesimista, está introduciendo un recorte que es relativamente arbitrario. En la mayoría de los casos, la realidad es tan compleja que hay suficientes datos para ser optimista o pesimista. No suele saberse lo suficiente como para poder hacer una predicción realista”, afirma Hirsch. No obstante, asegura que el
 
optimista tiene ventajas sobre el pesimista. “Está estudiado que los optimistas son más perseverantes en sus decisiones y eso los lleva a tener mayores probabilidades de éxito”.  Por el contrario, Hirsch estima que las personas pesimistas son más propensas a ‘bajarse del barco’ antes de intentar el viaje. Y nos da un ejemplo: “Omar y Pablo son dos médicos clínicos. Pablo, basado en su experiencia, no insiste en conseguir que sus pacientes dejen de fumar porque cree que es un esfuerzo inútil. Omar, en cambio, le dedica unos minutos a cada fumador para explicarle los perjuicios que le trae el hábito y
 
le comenta cuáles son los tratamientos posibles. ¿Qué los diferencia? Ambos saben que tienen pocas probabilidades de generar un cambio de hábitos, pero Omar está convencido de que algún paciente va a dejar de fumar”. Por eso, tiene más chances de conseguirlo.
 
En general, la esencia de la ventaja del optimismo es que si uno piensa que algo es posible, va a trabajar más para conseguirlo. Y esa disposición nos asegura un mejor humor y estado de bienestar. “Está comprobado que el optimismo funciona como modulador de los eventos estresantes, ya que puede paliar el malestar de aquellos que sufren, tienen estrés o enfermedades graves. Además, el optimista se relaciona positivamente con la resolución activa de problemas y la atención a la información relevante para resolverlos”, asegura Hirsch.
 
Desde la otra vereda, pueden observarse los perjuicios que ocasiona pensar en forma negativa. “Hay gente que dice que siempre tiene mala suerte. Pero, si se ponen a
 
reflexionar, ¿es realmente así en todos los aspectos de la vida?”, pregunta Hirsch.  Y aconseja que en lugar de empeñarse en descubrir inconvenientes y dificultades  –algo
 
que  provoca apatía y desánimo–, se invierta el mismo esfuerzo en buscar soluciones y evaluar posibilidades. Asimismo, advierte que optimismo no es sinónimo de alegría.
 
“Aun una persona optimista puede estar triste, pero nunca estará desesperada ni perderá su paz interior, la misma con la que vencerá el desaliento, si este llegara a aflorar, y
 
preservará su salud psicofísica. Ya  hay estudios que demuestran que una actitud optimista reduce el riesgo de una enfermedad cardíaca”, concluye.
 
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