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12/9/13

Julieta Anaut

Por Josefina del Solar


Julieta Anaut es artista plástica. Nació en Cipolletti (Río Negro) en 1983. Pese a su juventud tiene una importante trayectoria, ha participado en numerosas muestras en el país y el exterior. La entrevistamos precisamente a pocos días de la apertura de una exposición en Nueva York, en la que estará presente con su obra.

“Más que querer impactar o mostrar una realidad desalentadora, lo que me interesa es llegar al público por medio del goce estético”.


¿Cómo definirías vos misma lo que hacés?

Mis obras son situaciones escenificadas en las que el personaje rinde culto a la naturaleza y a través de elementos gestuales o simbólicos expresa su relación con ella. Suele ser un rito, una procesión, un sacrificio que nos muestra un recorrido, que no sólo une el pasado con el presente, reinterpretando el camino “del origen”, como todo ritual, sino que también marca el traspaso de otra frontera, esa línea que separa la cultura de la naturaleza. Las mujeres que interpretan estos papeles -arquetipos femeninos, personajes religiosos o literarios- enfrentan este entorno natural a lo construido por la humanidad, con el fin de unir estas dos dimensiones a las que el ser humano pertenece: la de vivir en la cultura, con todos sus atributos de lo artificial, y seguir perteneciendo a la naturaleza como el animal. Muchas veces, a modo de fotoperformance he ocupado este lugar, utilizando mi propio cuerpo como medio y representación, incluyéndome en estas escenas. Por medio de fotografías y videos me planteo una búsqueda para dar un nuevo significado a creencias antiguas, y de este modo hacer referencia a una espiritualidad que involucre a la naturaleza, el instinto y la mujer, representando este vínculo esencial y primigenio.Y me gusta formar parte de mis obras como modelo, creo que hay muchas de las situaciones donde me encuentro personificando una realidad tan particularmente mía, que me resulta un buen recurso situarme directamente dentro de la obra.
Lo que narro tiene mucho que ver con mi interpretación del mundo y mi vida interior. Siempre tuve una inclinación muy fuerte hacia cualquier intento de expresar mis emociones y el modo en el que me comunico con mi entorno. Desde mis primeras expresiones, el tema principal siempre fue el cuerpo, más particularmente el cuerpo femenino, y a veces mi propio cuerpo. Por ejemplo en Ofelia en el cristalino arroyo de la serie Ofrendas, que fue una de las primeras obras en las que incluí mi cuerpo, la interpreté yo porque tenía que ver con un momento de cambios en mi vida y sentía que la muerte como transformación simbolizaba ese proceso. De todos modos, cuando trabajo con modelos me identifico con ellas también, por lo general son amigas, primas, mujeres muy cercanas, siempre tengo un vínculo con las personas a quienes fotografío o con quienes trabajo.
Tu formación inicial fue en tu provincia natal. Pero después fuiste incorporando otros elementos ¿verdad?
Sí, hice el profesorado en artes plásticas con especialidad en pintura y grabado, en el INSA en Río Negro. Luego en Buenos Aires hice talleres como el de fotografía con Nicolás Trombetta y Laura Ortego, de vestuario con Gabriela Fernández, y seminarios teóricos sobre fotografía, arte y naturaleza, performance, etc. Además trabajé con el grupo de cine Humus en el área de vestuario, arte y postproducción. A la par fui desarrollando mi obra en fotografía, videos, pinturas e ilustraciones. Utilizo mucho la fotografía, creo que es una gran herramienta, pero no es el total de la composición de la obra, ya que intervienen otras disciplinas que también me interesan, como el vestuario, la actuación de las modelos o personajes, la escenografía, el dibujo o pintura en algunos casos, y la postproducción: retoque, fotomontaje o collage digital. Los medios digitales y la fotografía son técnicas que me permiten hacer esta fusión de diferentes disciplinas.
En tu obra tenés varias series. Explicanos un poco sobre ellas.
La primera serie que desarrollé fue Ofrendas, en el 2008, y luego continuaron Destierro del mar, La llegada de las mujeres silvestres, Alegoría Simbolista, y la más reciente, Fauna Latente, del 2012. En la serie Ofrendas hay una utilización de distintos personajes como arquetipos femeninos, personajes religiosos o literarios. Intenta expresar un ritual de paso que en varios casos tienen que ver con el pasaje muerte / vida, como un procesos de transformación. Por otro lado, también se ve la tarea creativa como transformación de la realidad. Todo esto expresado a través de vestuarios, coronas, collares como elementos rituales (plumas, plantas, agua, etc.) y con elementos artificiales relacionados con la naturaleza. La serie Destierro del mar es el desarrollo de la historia de un solo personaje (mitad humano, mitad animal), una sirena que fue arrancada de su lugar de origen y continúa vagando por distintos paisajes. Contrapone lo cultural, construido por la humanidad, con la naturaleza. Aquí también abundan elementos simbólicos, en este caso: flores, caracoles, frutos, serpientes, etc.
La llegada de las mujeres silvestres es una clara escena ritual: la de reinterpretar el camino del origen, particularmente, una peregrinación, uniendo el pasado con el presente, el mito y lo contemporáneo. Es una realidad onírica, de fantasía, ficciones de un mito o de creencias antiguas. Los personajes son diosas o sacerdotisas, intermediarias del tiempo sagrado y profano, que junto a sus ofrendas, cerámicas, jarrones, esculturas de animales, nos muestra imágenes atemporales y sincréticas, de una hibridación entre culturas. Si en las series anteriores se plantea la dicotomía o la tensión entre lo artificial o la cultura y por otro lado la naturaleza, el ser humano siempre queda ubicado del lado de lo no natural. Entonces… ¿qué pasa con la animalidad o naturaleza del ser humano? A partir de este cuestionamiento surge la serie Fauna Latente. Ya no es el contraste del personaje con el escenario o el entorno, sino una fusión, una especie de participación mística, en la que los personajes (aun mujeres) ya no son diosas, sino que adoran a la naturaleza en un proceso interno, se mimetizan.
A pesar de tu juventud, tenés una interesante experiencia, has expuesto en muchos lugares, incluso en el exterior. ¿Qué te ha quedado de eso hasta ahora en tu obra?

Cada exposición implica un vínculo nuevo con la gente que se acerca a la muestra, con el público, con los demás artistas, y esto siempre es enriquecedor. Además, viajar me permite obtener material para futuras producciones. La manera que tengo de construir las obras es bastante espontánea y algo casi cotidiano, porque voy juntando material fotográfico cuando viajo por ejemplo, muchos paisajes y elementos que me puedan llegar a servir como escenarios, utilería, o vestuario. Si veo una rueca en un museo, un ave en el borde de una laguna, o un jarrón de cerámica que tiene un vendedor en la orilla de un camino, los fotografío, todo puede servirme. Siempre estoy mirando y buscando situaciones que luego se pueden convertir en algún personaje o una situación que quiera representar. Luego, con todo ese material empiezo el collage digital y un largo trabajo de postproducción.
¿Reconocés alguna influencia artística?

En cuanto a la influencia y a los procesos de aprendizaje, creo que son tan importantes los grandes maestros como las experiencias que realizo con mis compañeros de trabajo, con quienes llevo a cabo mis obras o con quienes desarrollo otro tipo de trabajos artísticos o de investigación. Como referentes, nombraría rápidamente a artistas que trabajan con el tema del cuerpo, desde la fotografía o la performance, tanto internacionales como de Argentina (me cuesta nombrar a algunos porque muchísimos que también me inspiran siempre quedan afuera), pero a grandes rasgos (y sin un orden en particular) me interesa la obra de: (tanto internacionales como argentinas) Francesca Woodman, Claude Cahun, Ana Mendieta, Grete Stern, Vanessa Beecroft, Mariko Mori, Daniela Edburg, Alessandra Sanguinetti, Nicola Costantino, Tatiana Parcero, Fabiana Barreda, Flavia Da Rin, etc.
Es evidente que lo simbólico tiene un lugar esencial en tu obra…
Siempre trato de que mis obras respondan más que nada a la idea de belleza que tengo. Más que querer impactar, o provocar, o mostrar una realidad desalentadora, etc., lo que me interesa es llegar al público por medio del goce estético, que luego puede llevar a la reflexión. Encuentro una belleza en la unión de lo contemporáneo y lo antiguo, como dos mundos diferentes que interactúan. Incorporo elementos que den un indicio del mundo actual, como pueden ser las modelos con pelucas o plantas de plástico o los adornos que llevan las mujeres, y utilizo la técnica de la fotografía con intervención digital o el video que es muy contemporánea, unidos a un antepasado imaginado de rituales, espacios naturales y vírgenes de la intervención humana, personajes de siglos anteriores, representaciones que remiten al origen, etc. Por otro lado, me interesa la idea de belleza que tiene que ver con el deseo de un mundo mejor, en armonía con la naturaleza. El paisaje, la naturaleza, el mundo vegetal me son muy inspiradores; las mujeres, y por otro lado, las actividades artesanales y creativas, como coser, tejer, dibujar, plantar, etc.; la poesía, los cuentos, los sueños, los relatos míticos y místicos; me gustan los adornos, objetos de adoración y pequeñas cuerpos naturales simbólicos como los caracoles, perlas, las flores, etc. Pienso que estos puntos de partida, que tienen que ver con las mitologías, creencias, arquetipos, son facilmente reconocibles por el público, lo cual es una puerta abierta a la comunicación.
Ahora vas a exponer en N. York. Contanos sobre eso.

Sí, he sido invitada a participar con mi obra en la exposición "Territorios y subjetividades. Arte Contemporáneo de la Argentina", que está organizada por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación y el Fondo Nacional de las Artes. Inaugura el 3 de octubre en el Consulado Argentino de Nueva York, con curaduría de Fernando Fariña y Andrés Labaqué. Es un planteo federal, yo participo representando a Río Negro. Es una oportunidad muy importante para mí, ya que estar seleccionada entre artistas de todo el país para mostrar el arte contemporáneo de Argentina, es un reconocimiento muy valioso, y es además una nueva posibilidad que tengo de representar a la cultura de la provincia de Río Negro en el exterior.
¿Qué proyectos tenés?

Estoy pensando en una instalación audiovisual que incluye fotografía, video y pintura mural, que por medio de estas técnicas se conecten tres elementos principales: un Museo de Ciencias Naturales, el Desierto Patagónico y el personaje. Una mujer rodeada de animales embalsamados, especies extinguidas o esqueletos vivientes, que transitan una situación simbólica de un pasado añorado o un futuro devastado donde la naturaleza existe sólo en un espacio de conservación, como lo es por ejemplo el Museo.
¿Qué agregarías que yo no te haya preguntado?

Sumo un pequeño texto poético que escribí para acompañar la serie Fauna Latente:
“En silencio, cada una ha decidido que su mirada se parezca al horizonte;
por eso se entregan a la marea, a la inmensidad y al caminar incesante.

Peregrinas de tierra y plumas,
vagan por el desierto en busca del sentido de la espina;
son criaturas que encarnan el misterio de la plegaria.”

 
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