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7/8/15

Historia de Retiro

Por Josefina del Solar

Un Pasaje que ya no está


La apertura de la Avenida 9 de Julio, dado su ancho, implicó la demolición de la edificación y la desaparición de los espacios públicos que estaban en toda su extensión. Los trabajos demandaron varias décadas, ya que se fueron haciendo por tramos y sorteando dificultades diversas. La última parte de su trazado le correspondió precisamente a Retiro, adonde se llega en 1951 con la cuadra que va entre Córdoba y Paraguay. Las obras quedan allí detenidas durante varios años, se reanudan en la década del ‘70 para concluir en 1980 llegando a la Avenida del Libertador.
Nos hemos ocupado en una nota anterior de  dos plazas de esta zona que desaparecieron con la 9 de julio: la Fray Mocho y la Tedín. En este caso hacemos mención a una calle que tuvo el mismo destino y por idéntica causa. Recordado aún por algunos vecinos del barrio, el Pasaje Seaver era una cortada de escasos 100 metros que dividía en dos la manzana comprendida entre Cerrito, Posadas, Carlos Pellegrini y la Avenida del Libertador, con salida hacia esta última, y por medio de una escalinata también hacia Posadas. Al cruce de esta última calle se accedía a la Plaza Tedín ya mencionada.
El nombre le fue impuesto al Pasaje en 1893, en recuerdo de Benjamín Franklin Seaver, un marino norteamericano que sirvió en la Armada local bajo las órdenes del Almirante Guillermo Brown.  Es decir que nació cuando aún la zona no había alcanzado su fisonomía característica de residencias o edificios importantes.
Según algunos datos que hemos hallado, en un principio estuvo poblado por caballerizas y carbonerías, hasta que la urbanización del entorno motivó que se construyeran en el Seaver casas de pocos pisos que le dieron su fisonomía especial. En ellas vivieron o tuvieron su lugar artistas plásticos, fotógrafos, bailarinas, en fin personalidades de la bohemia porteña o  del quehacer cultural. También la vida nocturna tuvo su refugio en algún local allí ubicado.
El Pasaje conservó esa fisonomía durante bastante tiempo, incluso su empedrado original, hasta que la extensión de la Avenida 9 de Julio hacia el bajo lo condenó a desaparecer, como ocurrió con toda la edificación y los espacios públicos que estaban a lo largo de lo que es hoy dicha Avenida. En 1975 comenzó la demolición en la manzana del Seaver, pero antes de que la pequeña calle fuese sólo un recuerdo, el Museo Sívori convocó a un concurso para que los  artistas plasmaran en pinturas las casas, la escalera y la plaza perdida al fondo del breve paisaje urbano.
Esos cuadros, unas pocas fotografías y las imágenes quizá ya algo desdibujadas en la memoria de algunas personas, es lo que nos ha quedado hoy del Pasaje Seaver. lo un recuerdo el Museo Sívori convocó a un concurso para que los artistas plasmaran en pinturas las casa, la escalera y la calle perdida al fondo d una movida diferente a la tranquilidad de su


Una toma del Pasaje, en la que se distinguen al fondo la escalinata que subía hacia Posadas,  y algunos árboles de la Plaza Tedín.

26/5/14


Roberto Servente
Su fallecimiento


La trayectoria personal y profesional de Roberto Servente, quien falleció en marzo pasado a la edad de 93 años, fue verdaderamente destacada. Como ingeniero civil fue titular de la empresa que lleva su nombre, de presencia insoslayable en la industria de la construcción en nuestro país. Con ella realizó, entre otras grandes obras, la Biblioteca Nacional y las autopistas Illia y Buenos Aires-La Plata, por ejemplo. Además era titular de la empresa de la Recova de Posadas, ese notable centro comercial, gastronómico y cultural situado en Posadas, Carlos Pellegrini, Cerrito y Av.del Libertador.  Servente, hombre incansable y de una energía superlativa, era sin dudas, el alma y el motor de todas esas actividades.
Lo conocimos y lo tratamos en relación precisamente a La Recova de Posadas, nuestro anunciante desde hace años, que tanto colaboró por otra parte con la existencia de La Gaceta a través de su apoyo publicitario, incluso en momentos muy difíciles, y que sigue acompañándonos.  Por esta vinculación y trato supimos de su empuje, de sus cualidades como empresario, de su tarea que llevó a cabo prácticamente hasta los primeros meses de este año.
Como indicador de sus rasgos de carácter vale recordar que Servente fue el único sobreviviente del accidente de un avión de la empresa Austral que cayó al mar en 1959. Y es que logró precisamente sobrevivir  nadando toda una noche en el Atlántico hasta que alcanzó la costa de Camet. Tenía por entonces 39 años. Y un detalle sorprendente: Servente llegó a ser tiempo después, director de la misma empresa del avión accidentado.

Ingeniero Roberto Servente.

 
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