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12/8/13


Una visita a la Casa de Ejercicios Espirituales


A fines de julio pasado, esta publicación tuvo oportunidad de asistir a una visita guiada a la Casa de Ejercicios Espirituales, compartiendo el recorrido por los diferentes sectores con un numeroso grupo de visitantes, tanto locales como extranjeros.

En una ciudad como Buenos Aires, en la que por diversas razones se ha perdido casi todo lo que se construyó durante el período colonial, la existencia de la Casa de Ejercicios Espirituales es en sí misma casi un milagro. Y por supuesto para todos los que amamos y buscamos conocer la historia de esta ciudad y todo lo maravilloso que guarda, una visita a este lugar es algo que aporta una experiencia singular.


La Casa

El edificio está ubicado en la avenida Independencia 1190, esquina Salta. Y desde su fachada se percibe la sensación de serenidad y paz que es su característica interior, ya que es un verdadero oasis en medio del trajinar ciudadano.
Su existencia se debe a la labor incansable y sin dudas trascendente de María Antonia de Paz y Figueroa.
A pesar de algunos arreglos que ha experimentado, su estructura, puertas, dimensión interior y mobiliario son todavía los originales de la época en la que fue construida, esto es a finales del siglo XVIII, en la Buenos Aires del Virreinato. En 1794 primero el Cabildo y luego el Virrey Arredondo conceden la autorización para su construcción, a fin de ser destinada a la realización de ejercicios espirituales. Se construyó en terrenos que se sumaron en superficie y fueron donados por vecinos: la familia Rodríguez, doña Francisca Girado, la familia Alberti, y luego la familia Pavón y doña Benedicta Ortega completaron con sus donaciones el solar necesario para edificar la Casa. También la construcción se llevó a cabo con aportes diversos, entre ellos maderas traídas del Paraguay.
El espesor de las paredes, los tirantes de los techos, las puertas de algarrobo con herrajes, todos ellos originales, hablan claramente de su época. También la estructura interior de la Casa. Las habitaciones dan a galerías que enmarcan los patios, y estos son varios, como era habitual en las construcciones coloniales. No faltan el imprescindible aljibe, ni las campanas que marcaban sonoramente el paso del tiempo.
Hay dos capillas, una más íntima y la otra, de mayores dimensiones, a la que accede el público por la calle Salta. En ambas, las imágenes religiosas, las reliquias, el mobiliario, todo contiene arte, historia y devoción.
María Antonia de Paz y Figueroa formó la Comunidad de Hijas del Divino Salvador. Hasta la actualidad estas religiosas son las que manejan la Casa, que en 1942 fue declarada Monumento Histórico Nacional. Aunque sigue siendo hasta hoy un lugar de retiros espirituales, además de un sitio de interés histórico para la Ciudad. (*)

María Antonia de Paz y Figueroa
A ella se debe la iniciativa y la construcción de la Casa de Ejercicios. Fue una mujer muy devota, pero también una gran luchadora, que llevó adelante sus ideales de vida con una fuerza sorprendente y un enorme sacrificio personal.
Nació, según los datos más confiables, en Santiago del Estero, en una familia que descendía de conquistadores. Muy joven se inclinó por la vida religiosa, pero no había por entonces congregaciones de mujeres, de modo que en esos casos se acostumbraba a un estilo de vida consagrado pero laico. A estas mujeres consagradas a la oración y a la vida piadosa se las conocía como beatas, y así fue ella, con una vida dedicada a los necesitados. Adoptó el nombre de María Antonia de San José, y con el tiempo se la va a conocer familiarmente como Mama Antula.
Cuando en 1767 son expulsados los jesuitas de toda América, y la obra que realizaban queda abandonada y se convierte en ruinas, María Antonia siente la necesidad de continuarla, y que lo que debe hacer específicamente es propiciar los retiros o ejercicios espirituales. Con esa misión se lanza sola, llevando como bastón o cayado una cruz de madera. Recorre a pie el norte argentino, va a Jujuy, a Salta, a Tucumán, a Catamarca, a La Rioja. Luego a Córdoba, pidiendo autorización a las autoridades religiosas de cada lugar, y realizando sus ejercicios espirituales, que convocaban a gran cantidad de personas en todas partes.
Por fin en 1779 llega a Buenos Aires, capital del Virreinato, donde va a tener al principio muchas dificultades y rechazos, pero finalmente conseguirá el apoyo para la realización de su obra, que se materializa en la Casa de Ejercicios. Muchos nombres importantes de nuestra historia tuvieron allí un sosiego espiritual. Y allí va a tener María Antonia su propia celda, que se conserva como era entonces. En ella fallece en marzo de 1799.
La figura de María Antonia alcanzó en su tiempo una gran dimensión, incluso en vida, al punto que su fama llega a Europa desde donde le llegan donaciones, por ejemplo, un retablo portátil que se conserva hasta hoy en la Casa, entre otros elementos valiosos.
Y en la actualidad, se está llevando adelante la iniciativa de su beatificación. Noticias muy recientes, difundidas por la Agencia AICA, indican que el propio Papa Francisco promueve esta causa, lo que fue confirmado por él mismo a descendientes colaterales de Mama Antula que estuvieron en Roma para el inicio de su pontificado.


(*) Para conocer la Casa de Ejercicios se realizan visitas programadas, para lo cual es necesario que se conformen grupos. Quienes estén interesados en realizar una visita pueden consultar al respecto en el teléfono 4304-0984 o por mail a: hds.1730@yahoo.com. También para consultar por retiros.


 
La Gaceta del Retiro - Directores: Pedro Constenla - Josefina del Solar
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