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16/12/13
Por Josefina del Solar



Dúo Ramírez-Satorre


Adrián Ramírez en guitarra y Hugo Satorre en bandoneón conforman este dúo, de auspiciosa presencia en el panorama de la música local. Con gran solvencia interpretativa recorren el repertorio de Astor Piazzolla, y también el de otros autores nacionales, en un trabajo más que interesante que armoniza lo clásico y lo popular. Su disco con música de Piazzolla estuvo recientemente nominado al Grammy Latino 2013.
¿Cuándo comenzaron a tocar juntos y cómo se dio eso?

Adrián Ramírez: En el año 2008 coincidimos en un escenario acompañando a una amiga en común, cantante, y en un ensayo Hugo me propuso que tocáramos nosotros algo juntos. Los dos conocíamos Café 1930 de Piazzolla y lo armamos para la ocasión. Nos gustó el resultado, a la gente también, y decidimos seguir armando obras de Piazzolla para tener un concepto, una parte de concierto.
¿Cómo fue la formación musical de cada uno?

A.R: Mi formación es académica. Soy un músico “clásico", es decir estudié en el Conservatorio Nacional toda la carrera de guitarra. Luego seguí ahondando por ese camino con cursos y seminarios especializados en la música antigua y en la guitarra clásica. Pero a la vez siempre me interesó mucho la música popular. En ese campo no tengo una buena formación en lo formal, sino que he ido "robando" datos en viajes, reuniones en casas de amigos santiagueños, guitarreadas, alguna que otra reunión con referentes destacados como Falú y Moscardini....en fin, lo que diríamos la calle. Considero que tengo más que nada una pasión por la música popular argentina y que le dedico a ella todo mi saber guitarrístico. Pero para bien y para mal, desde la escuela clásica. Para bien porque utilizo los recursos de la guitarra clásica en lo que hago con la música popular; y para mal porque no soy un buen acompañante o arreglador. Esa parte me cuesta más. Y me sigo formando, siempre.
- Hugo Satorre: Yo empecé estudiando en el Conservatorio Juan José Castro, pero guitarra. Después probé unos años con el piano hasta que encontré -paradójicamente en un viaje al viejo continente- al bandoneón. Y fue casi como un amor a primera vista. Ahí empecé a estudiar con diferentes profesores, y puedo decir que cada uno me dejó algo. Quizás puedo resaltar a Juan José Mosalini en un lugar determinante, pero cada uno fue dejando su semilla en mi forma de tocar. Si tengo que decir un lugar donde aprendí a tocar, sin lugar a dudas cada músico con quien toqué fue parte de mi aprendizaje. Este dúo significa también muchos desafíos y aprendizajes.
Es interesante eso. Precisamente iba a preguntarles cómo trabajan habitualmente. Quiero decir si tienen rutinas, y si es muy complicado trabajar en dúo...
A.R: Como rutinas tenemos un ensayo semanal fijo, y a veces sumamos otro más. A la vez cada cual revisa lo suyo en su casa, por supuesto. Hay momentos de mucha intensidad de trabajo y otros en los que la cosa va fluyendo más calma. Somos muy obsesivos con la interpretación, conocemos al detalle la parte del otro, estamos muy atentos a lo que propone el otro desde el fraseo, el sonido, la articulación. Siempre nos quedamos con la sensación de que vendría bien ensayar más, pero no logramos hacernos el tiempo. Por ahora no vivimos del dúo, entonces por supuesto tenemos que dar clases, o atender otros proyectos paralelos. Y en mi caso dos hijos pequeños…
H.S: Trabajar en dúo es sencillo, pero ser músico no. Por eso se dice que la música es el arte de combinar... los horarios. Nosotros pretendemos trabajar hasta el límite cada obra. Eso lleva mucho tiempo de ensamble. A veces ese tiempo no lo tenemos, por eso intentamos incorporar material al repertorio solamente cuando está maduro.
Prácticamente se han especializado en la obra de Piazzolla ¿Qué les atrae particularmente de ella y cuáles son las dificultades para abordarla?
- A.R: Yo diría que la música de Piazzola es la parte de la música argentina en la que coincidimos Hugo y yo naturalmente. De alguna manera elegimos empezar nuestro proyecto con música que ya estaba escrita en detalle por Piazzolla, que se dedicó mucho a eso en la década del 80. Eso me facilitó mucho a mí las cosas, dada mi escuela "clásica", pero a la vez es un lenguaje donde Hugo puede moverse muy libremente. Lo conoce muy profundamente y le gusta. Ahí nos encontramos. Ambos somos muy obsesivos con la interpretación y ésta es música que requiere un tratamiento camarístico, requiere también mucha técnica. Rinde mucho si se le busca contenido porque lo tiene.
- H.S: Básicamente nos concentramos en la obra de Piazzolla para construir el disco que grabamos. Actualmente queremos ampliar más nuestro objeto y estamos haciendo foco en la música argentina, incorporando varias obras de compositores actuales e incluso animándonos con alguna composición.
- Cuéntenme sobre el CD que grabaron. Por él estuvieron nominados al Grammy recientemente...

A.R: Como te conté antes, empezamos nuestro proyecto tocando obras que Piazzolla había escrito en la década del ´80, toda música de cámara, para diferentes solistas o dúos: flauta y guitarra, dúo de guitarras, guitarra sola, pero sin participación del bandoneón. De esa manera Piazzolla hizo pie en la música académica y se universalizó mucho. Se toca en todos lados esa música, a veces bien, a veces mal. Nos queda cómoda a los "clásicos". Con Hugo trajimos esa música de vuelta al bandoneón, en diálogo con la guitarra. De alguna manera esta formación rinde homenaje a los dos instrumentos más significativos de la música popular. La guitarra en el folklore y el bandoneón en el tango son referentes indiscutidos. De ahí nació el concepto del disco, que de hecho se llama Piazzolla de cámara. Luego lo completamos con la grabación en el mismo del Doble concierto para bandoneón, guitarra y orquesta de cuerdas, Homenaje a Lieja que Piazzolla escribió en 1984, y que no había sido grabado aquí todavía. Convocamos para eso a Gabriel Senanes que armó y dirigió una orquesta de 24 músicos, con Fernando Suárez Paz, el mítico violinista del quinteto de Piazzolla, como primer violín. Nos dimos ese gusto y el resultado no podría ser mejor. O sea, es un disco que se hizo de poco a mucho, a lo largo de 3 años, y subiendo la apuesta a medida que avanzaba. Hugo y yo somos los productores, es un producto independiente. Y para cada ítem: ingeniero de sonido, estudio de grabación, mastering, diseño gráfico, intentamos trabajar con los mejores, confiando en su idoneidad y dejándolos trabajar. Luego, a fines de septiembre, tuvimos la gran sorpresa de estar nominados al Latin Grammy en la categoría "Mejor álbum de tango". En noviembre fuimos a la entrega en Las Vegas, pero el Grammy quedó en manos de Diego el Cigala.
Puede decirse que de alguna manera uds. combinan lo clásico y lo popular. ¿Tiene que ver con la riqueza de la música argentina, y en particular de algunos autores? Hablamos de Piazzolla, pero también otros autores que abordan…
- A.R: Piazzolla sintetiza varias cosas: es un músico con el oficio tan difícil de conseguir del músico popular, porque se formó tocando y arreglando con y para orquestas de tango tradicional para baile. Pero paralelamente se dedicó a aprender la música clásica. Se formó muy profundamente, incluso dejó todo: orquestas, trabajos, hasta a sus hijos, y se fue a seguir estudiando en Francia. No paró nunca de elevar su techo y eso lo notan los músicos de todo el planeta. Los jazzeros lo apropian como uno más, los tangueros también más allá de primeros rechazos, y desde la música académica también es considerado un compositor de valía. Logró su propio estilo combinando su oficio y lo que aprendió. En cuanto a nosotros, creemos en la música, no importa si está escrita o no. Creo que el hecho musical excede todo rótulo y categorización. Cuando yo toco una nota desde un escenario, no importa si la compuse, la leí o la arreglé, tengo que estar ahí presente. Esa nota es mía, sale de mi instrumento en ese preciso momento, es única. Entender eso me tranquiliza y a la vez me compromete. Pienso que cuando uno logra tocar desde ese lugar, al público que escucha sin prejuicios no se le da tiempo a pensar. Yupanqui no te daba tiempo a pensar, te atravesaba. Marta Argerich lo mismo. Si escucho a Rivero o a Falú me pasa lo mismo. No importa que género estés encarando en un determinado momento de tu vida musical, importa más esto otro, sin lo cual todo lo demás no tiene contenido.
- H.S: Yo siento que en la Argentina hay un nicho de música maravilloso entre lo académico y lo popular. Piazzolla, lógicamente, es el máximo exponente del asunto, pero la verdad es que hay muchos compositores en ese espacio. Tanto en la esfera del tango como del folklore.
¿Qué proyectos tienen para el futuro?

- H.S: Muchos. Pero básicamente todo se resume en que vamos a seguir tocando, y mucho.
- A.R: Sí, Estamos tocando y preparando nuevo material, alejándonos de la relativa comodidad de tocar Piazzolla para atender a otros autores. Hemos arreglado varias obras, incluso abrimos nuestro abanico hacia el folklore. Tenemos una chacarera sonando y una zamba dando vueltas. Además estamos encarando arreglos de obras de autores populares contemporáneos como Quique Sinesi, Juan Falú, Carlos Moscardini, Pedro Rossi, entre otros. Incluso estamos adaptando al dúo una milonga que escribí yo hace unos años. O sea, nuestro próximo trabajo va a ser mucho más ecléctico, pero siempre dentro de la música argentina.
¿Quieren agregar algo que no les haya preguntado?

- A.R: Solamente se me ocurre que intentamos rescatar de lo académico y de lo popular las virtudes que ambas escuelas tienen. De la academia rescatamos el cuidado y atención que hay para con el sonido y la articulación, y de la popular la frescura, el groove, el swing, el hecho rítmico que tiene que estar presente en todo. El ritmo antes que todo lo demás.

 
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