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Cultura

eneroabril

28/2/14


Belleza Esencial                                         Por Marcela Davidson
(Para La Gaceta del Retiro)

La  belleza se va  cultivando en la mente. Nutrir la mente de arte, naturaleza de montes bajo cielos infinitos, en lo posible practicarla…. Pintando, bailando, leyendo, apreciando   composiciones musicales y  recurriendo a especialistas en las distintas disciplinas, capaces de guiar,  enriqueciendo la imaginación. Facultad de la imaginación que denotará elaboración de reflexiones, ideas, rumbos, ilusiones, consejos sentidos, recuerdos constructivos….

La cadencia del tiempo es la oportunidad  para desarrollar una esencial belleza, aquella  que no precisa de cosméticos, ni de producción.  Belleza viva, contraria a obsesiones por  perseguir una belleza efímera añorada como consecuencia del bajo rendimiento crítico que padecen las víctimas publicitarias.  

Pensemos con el poema de Gabriela Mistral  (
1889–1957):

Vieja

Ciento veinte años tiene, ciento veinte,
y está más arrugada que la Tierra.
Tantas arrugas lleva que no lleva otra cosa
sino alforzas y alforzas como la pobre estera.

Tantas arrugas hace como la duna al viento,
y se está al viento que la empolva y pliega;
tantas arrugas muestra que le contamos sólo
sus escamas de pobre carpa eterna.
Se le olvidó la muerte inolvidable,
como un paisaje, un oficio, una lengua.
Y a la muerte también se le olvidó su cara,
porque se olvidan las caras sin cejas.
Arroz nuevo le llevan en las dulces mañanas;
fábulas de cuatro años al servirle le cuentan;
aliento de quince años al tocarla le ponen;
cabellos de veinte años al besarla le allegan.
Mas la misericordia que la salva es la mía.
Yo le regalaré mis horas muertas,
y aquí me quedaré por la semana,
pegada a su mejilla y a su oreja.
Diciéndole la muerte lo mismo que una patria;
dándosela en la mano como una tabaquera;
contándole la muerte como se cuenta a Ulises,
hasta que me la oiga y me la aprenda.
"La Muerte", le diré al alimentarla;
y "La Muerte", también, cuando la duerma;
"La Muerte", como el número y los números,
como una antífona y una secuencia.
Hasta que alargue su mano y la tome,
lúcida al fin en vez de soñolienta,
abra los ojos, la mire y la acepte
y despliegue la boca y se la beba.
Y que se doble lacia de obediencia
y llena de dulzura se disuelva,
con la ciudad fundada el año suyo
y el barco que lanzaron en su fiesta.
Y yo pueda sembrarla lealmente,
como se siembran maíz y lenteja,
donde a tiempo las otras se sembraron,
más dóciles, más prontas y más frescas.
El corazón aflojado soltando,
y la nuca poniendo en una arena,
las viejas que pudieron no morir:
Clara de Asís, Catalina y Teresa.

 
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